Edición 256 Año 8; Chihuahua, Chih. México Fundador: Javier Salinas †, Gerente General: C.P. Irene Quintana

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Nueva explosi贸n del Volc谩n de Fuego dificulta rescate de desaparecidos

No eran las ocho de la ma帽ana del martes cuando el Volc谩n de Fuego (Guatemala) bram贸 por primera vez. Los campesinos de El Rodeo que hab铆an salvado sus cosas y su vida, volvieron a sentir el estruendo dentro del cuerpo solo dos d铆as despu茅s.

A esa hora de la ma帽ana una nube negra se elev贸 y qued贸 prendida del cr谩ter. Para los periodistas que terminaban sus informaciones del noticiero matutino fue la guinda perfecta a la conexi贸n. Dos horas despu茅s se repiti贸 la escena. Las autoridades han advertido de una 鈥渆levaci贸n de la actividad explosiva鈥 del volc谩n y de la amenaza inminente de flujos pirocl谩sticos.

Por entonces los rescatistas ya trabajaban con un ojo puesto en la ceniza, que remov铆an con ah铆nco buscando m谩s cuerpos sepultados, y el otro en el coloso de casi 4.000 metros de altura que los volv铆a a amenazar de cerca. El nerviosismo se apoder贸 de la poblaci贸n y hab铆a quien propon铆a desalojar cuanto antes un lugar donde hasta el momento ha habido 75 fallecidos, casi 200 desaparecidos y miles de evacuados, mientras otros quer铆an seguir hasta encontrar supervivientes durante las horas m谩s cruciales.

Pero la tercera explosi贸n fue la definitiva. Solo 48 horas despu茅s de que entrara brutalmente en erupci贸n, comenz贸 de nuevo el caos. Esta vez no fue una erupci贸n, sino el movimiento del lahar, un flujo de sedimento y agua a altas temperaturas, a煤n m谩s peligroso que la lava, que hab铆a quedado blando desde la primera explosi贸n, y que comenz贸 a deslizarse ladera abajo por el cauce del r铆o arrasando con todo lo que encontraba.

En ese momento cientos de miembros de protecci贸n civil, militares, bomberos, ambulancias y campesinos comenzaron a correr en direcci贸n contraria al volc谩n. Al mismo tiempo, el p谩nico se apoder贸 de la ciudad de Escuintla, cabecera municipal del departamento que lleva su nombre, y que ejerce de centro de avituallamiento en las labores de b煤squeda.

Los rumores y los v铆deos circulaban de boca en boca y de tel茅fono en tel茅fono alertando sobre la gran cat谩strofe que se aproximaba. 鈥淓l r铆o de lava ya vine鈥, dec铆an unos; 鈥渦na gran explosi贸n se va a producir鈥, comentaban algunos vecinos; 鈥渓a tormenta de fuego es inminente鈥, a帽ad铆an otros a la carrera. El p谩nico era visible en cientos de familias que metieron todo lo que pudieron en unas bolsas de pl谩stico y se echaron a la calle ante la llegada de un enorme r铆o de lava.

Motos con cuatro pasajeros, camionetas atestadas de gente y autobuses repletos comenzaron un 茅xodo en pocas horas hasta vaciar a la carrera una ciudad de 200.000 habitantes. A bordo de los veh铆culos la poblaci贸n meti贸 todo lo que pudo: familiares, maletas, alimentos, televisiones鈥 Todos los comercios cerraron sus puertas y se evacu贸 una ciudad viva, industrial y bulliciosa que no descansa ni por la noche.

El bolet铆n del instituto vulcanol贸gico abon贸 el p谩nico al anunciar que 鈥渓a actividad [del Volc谩n de Fuego] contin煤a鈥 y que no se descartaba la posibilidad de que se diese 鈥渦n nuevo descenso de flujos pirocl谩sticos en cualquiera de las barrancas principales en las pr贸ximas horas o d铆as. As铆 mismo, ante la presencia de lluvia en el 谩rea volc谩nica, puede darse la ocurrencia de descenso de lahares鈥.

鈥淟levamos lo poco que pudimos cargar. Lo importante es salvar nuestra vida鈥, explicaba sin dejar de caminar Felipe Camposeco. 鈥淟a televisi贸n ha dicho que la lava est谩 ya bien cerca y que nos vayamos cuanto antes. Lo 煤nico que lamento es no poder traer a mi madre conmigo. Es anciana, no puede caminar y yo no puedo cargar con ella鈥, a帽ad铆a acompa帽ado de su familia, todos ellos con un enorme bulto sobre la cabeza.

鈥淵o ya traslad茅 a toda mi familia a un pueblo cercano a una hora de la Escuintla por si se cumple la advertencia de que ya llega la tormenta de fuego鈥, explic贸 Ricardo Valenzuela, mientras bajaba la cortina met谩lica de su muebler铆a en el centro de la ciudad.

鈥淭enemos miedo, tenemos miedo鈥o han dicho las noticias鈥, repet铆a sin parar de caminar Julio Ordices junto a su familia cargada de bolsas. Los Ordicies al completo hab铆an decidido trasladarse a casa de unos familiares en un pueblo cercano. Sin dejar de andar junto a sus vecinos, Julio reconoc铆a que desde la explosi贸n casi no ha podido dormir ante el temor de una gran e inminente erupci贸n.

鈥淟o vi en las noticias鈥, 鈥渕e lo dijo un amigo鈥, 鈥渕e lleg贸 por el celular鈥 o 鈥渟e lo comentaron a mi hijo鈥, dec铆an casi todos los que hu铆an. Pocas personas hab铆an sido advertidas directamente por la Coordinadora Nacional para la Reducci贸n de Desastres (Conred) para que evacuaran la ciudad. El temor a que una gran cat谩strofe estaba a punto de suceder se apoder贸 del lugar.

Los vecinos que a煤n dudaban de si hab铆a llegado el apocalipsis confirmaron sus sospechas cuando al caer la tarde el cielo se puso a煤n m谩s negro y empez贸 a tronar y a llover con fuerza sobre la ciudad. (El Pa铆s)

Publicado el día MI蒖COLES 6/Junio/2018


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