Edición 229 Año 10; Chihuahua, Chih. México Fundador: Javier Salinas †, Gerente General: C.P. Irene Quintana

Le meten la quinta a su transformación

La medida más radical del actual régimen de AMLO se perpetuó este lunes, con la publicación del decreto para que las fuerzas armadas intervengan en acciones de seguridad pública, lo que no es sino la militarización del país, un hecho que contrasta con la promesa qui hiciera en campaña el presidente, donde aseguraba que el ejército regresaría a los cuarteles. Es esta sin duda la instrucción de mayor autoritarismo de que se tenga registro en el México moderno.

Si a Calderón se critica los miles de asesinatos ocurridos durante su sexenio y su estéril guerra contra el narco, donde se asumió la decisión de sacar a los militares a patrullar las calles y enfrentarse cara a cara con el crimen organizado, para esta acción no cabe justificación alguna.

Lo más curioso es que la verdadera postura del presidente en torno a este tema, se vislumbraba ya desde antes de que obtuviera el triunfo en las urnas. En una de sus giras por Tlalpan, siendo aun precandidato a la presidencia de México en diciembre de 2017, López Obrador argumentaba que “en esa ley no hay una modificación que es importante que se tome en cuenta, de acuerdo a la Constitución vigente, el Comandante de las Fuerzas Armadas es el presidente de la República, eso está vigente, y pronto, muy pronto, el próximo presidente de México no va a dar ninguna orden para que el Ejército, ni la Marina, ninguna fuerza militar o policiaca reprima al pueblo”.

Interesante entender que Peña Nieto promulgaba en aquel entonces una nueva ley al servicio de un régimen que no sería ya el suyo. Más aún, sabiendo de antemano que estaban en juego muchas de las leyes que se aprobaron durante su gobierno, como la hoy extinta reforma educativa.

En el contexto global, los gobiernos comunistas del siglo XXI han asumido el control real de sus naciones gracias al apoyo del ejército. Ante la evidente pérdida del poder político, el presidente se encamina ahora hacia la dictadura que se ha ido gestando, no desde que asumió el mandato, sino ya desde que comenzó a operar durante la etapa de transición, esa en la que el PRI de Peña cumplió lo pactado haciéndose a un lado en las decisiones que ya desde ese momento comenzaría a tomar la administración entrante.

Sin mayor decoro, AMLO anuncia ahora que, todos sin excepción, deberán definir el papel que jugarán durante la actual etapa de su transformación, porque no habrá lugar para los matices, o se está a favor del cambio, aun que este sea de evidentes consecuencias negativas para el país, o se está en el frente conservador, ese que representa lo más corrupto del pasado neoliberal del México.
Y es que lo que para muchos fue en su momento la oportunidad para pertenecer nuevamente al grupo en el poder, hoy se percibe ya como lo que fue desde siempre una amenaza real para el país, una demolición brutal de nuestras instituciones, de nuestra economía, de nuestra realidad como la conocíamos hasta el 1 de julio de 2018, y han comenzado ya ha denunciar lo evidente, a disentir sobre las decisiones que se giran desde Palacio Nacional, y a obedecer a su sano juicio.

No olvidemos que durante la reunión del Foro de Sao Paulo, celebrada en Cuba durante diciembre de 2018, y ya con un nuevo régimen comunista instaurado en México, donde los rojos se alzaron con la mayoría en las dos cámaras, el diputado federal Gerardo Fernández Noroña, reconocería “ahora podremos hacer todas las reformas constitucionales que decidamos”. Este se enmarcaba ya como epitafio de una nación como la conocíamos hasta ese momento.

Desde la supresión de los sistemas de evaluación de la educación, para cumplirle al sindicato lo acordado en campaña, hasta la fabricación del Insabi y el acaparamiento de la CNDH, la SCJN y el INE, no hay institución pública que se salve de la demolición avasallante de la cuarta transformación. La creación de la Guardia Nacional, con todo lo que implicaba eliminar una corporación como la Policía Federal, sin el más mínimo recato por los derechos laborales de cientos y miles de agentes, debía consolidarse en lo inmediato, para garantizar la nueva dictadura.

Nadie ni nada por encima de la ley, y si la ley no está en nuestro favor, entonces cámbiese la ley. Así lo demostraron cuando impusieron a Francisco Ignacio Taibo Mahojo en el Fondo de Cultura Económica, abriendo la puerta para que los nacionalizados se asuman en cargos públicos importantes. Porque la entrada de extranjeros que vengan a gozar del nuevo paraíso menchevique es inminente.

La mayoría en las cámaras no está asegurada para la siguiente mitad de su mandato, y por tanto, en este momento de crisis, el presidente no se tentará el corazón para meterle a fondo el acelerador a su proyecto dictatorial. Él y sus incondicionales le meten la quinta velocidad a su transformación para que se consolide en lo inmediato, y para evitar a toda costa, que la perpetuidad en el poder dependa de su popularidad.

Publicado el día MARTES 12/Mayo/2020


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