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Tienes 5G en tu teléfono pero va más lento que 4G, ¿Por qué?

Un estudio internacional ha medido la velocidad de las redes en ocho ciudades y ha descubierto que 5G no siempre es mejor el 4G

La quinta generación de datos para móvil, 5G, prometía más capacidad de datos y menor latencia que 4G o LTE, que es como se conoce la cuarta generación. Las redes 5G forman parte de nuestra vida y del mercado desde hace años, y la industria ya mira a su sucesora, 6G. Pero, ¿ha cumplido 5G con sus promesas?

Un equipo internacional liderado por Northeastern University, con participación de IMDEA Networks midió durante un año el rendimiento en varias ciudades de Europa y Norteamérica. La conclusión es clara: 5G está ampliamente desplegado en grandes centros urbanos, pero sus beneficios no siempre se traducen en una experiencia mejor que 4G.

“Recogimos datos controlados y de crowdsourcing en ocho ciudades, Berlín, Turín, Oslo, Oporto, Madrid, Vancouver, Boston y el Área de la Bahía, y encontramos una variación llamativa por geografía y operador: algunas redes ofrecen un excelente rendimiento de 5G en uplink, mientras que otras muestran poca o ninguna mejora frente a LTE”, explica Imran Khan, investigador predoctoral en Northeastern University y primer autor del estudio.

¿Qué es «uplink»? Es el envío de datos desde el usuario hacia la red, clave para videollamadas y subidas de contenido. Está relacionado con la latencia, el tiempo que tarda un dato en ir y volver, lo que determina lo “reactiva” que se percibe una conexión.

Claudio Fiandrino, profesor ayudante de investigación en IMDEA Networks, resume así el panorama: “El despliegue de 5G en las grandes ciudades se ha estabilizado, pero esa estabilidad aún no se ha traducido en ventajas consistentes de latencia frente a 4G/LTE, la realidad es más variada de lo que sugiere el marketing”.

El estudio combina mediciones de gran escala que aporta amplitud y también profundidad a las conclusiones. La imagen que surge es desigual. En muchos lugares, 5G no ofrece beneficios claros de latencia frente a 4G.

EL RENDIMIENTO DE 5G, EN MANOS DEL OPERADOR

Las diferencias importan menos por la etiqueta “5G” y más por decisiones del operador. Influyen la banda de espectro elegida, la densidad del despliegue y el uso de infraestructura en la nube y en el borde. La tecnología permite buenos resultados, pero la configuración y la inversión local es lo que determina el día a día del usuario.

Más allá de los resultados técnicos, el estudio subraya qué significa esto para usuarios, reguladores y operadores. “Para muchos usuarios y aplicaciones reales, cambiar a 5G no garantizará automáticamente menor latencia ni mejor respuesta. Algunas celdas 5G ofrecen latencias bajas, pero en otras el rendimiento puede ser similar o incluso peor que 4G, según operador y ubicación. Las decisiones sobre servicios sensibles a la latencia deben basarse en mediciones reales, no solo en la generación tecnológica”, explica Fiandrino.

NO ESTAMOS PREPARADOS PARA EL 6G

Los investigadores también advierten de los riesgos de saltar de forma prematura a 6G. Señalan la posibilidad de inversiones mal dirigidas y expectativas públicas que no se cumplen. Les preocupa la asignación de recursos a prestaciones promocionadas en vez de resolver problemas operativos como huecos de cobertura, ubicación del backhaul o del edge, y fragmentación del espectro.

También alertan sobre decisiones políticas y de mercado apoyadas en promesas optimistas y no en la realidad tangible. Si se promocionan futuras generaciones como 6G antes de tiempo, eso puede minar la confianza. El sector necesita credibilidad tanto como necesita ancho de banda.

La solución, enfatizan los autores, está en la medición a gran escala y con visión de futuro. Hay que centrarse en la experiencia real de los usuarios antes de dar el siguiente paso. Los problemas operativos y de implementación deben resolverse antes de pasar a la próxima generación.

El estudio concluye que, aunque el despliegue y la estabilidad de 5G parecen maduros en muchas áreas urbanas, las ventajas de rendimiento, en particular la latencia, siguen siendo irregulares. Esa irregularidad no es un matiz menor, porque condiciona aplicaciones de tiempo real, videojuegos en línea, telemedicina y automatización industrial.

Como subraya Fiandrino, “en términos de cobertura y estabilidad de despliegue, 5G parece maduro en las grandes ciudades, pero la plena madurez aún no se ha alcanzado en lo referente a fiabilidad, ventajas de rendimiento claras y experiencia de usuario respecto a 4G, especialmente en latencia. Por tanto, la madurez es condicional, desplegado, sí, rendimiento consistentemente superior, aún no”.

En el conjunto de ciudades analizadas, las mediciones sostienen que el usuario puede encontrar escenarios muy distintos a pocas manzanas de distancia. Un operador puede priorizar bandas medias y otro apoyarse en ondas milimétricas. La red puede tener edge (distancia al centro de datos) cercano o depender de centros de datos lejanos. Cada una de esas decisiones influye en la percepción de velocidad y respuesta.

El trabajo aclara dónde brilla realmente 5G y dónde se topa con límites físicos, como la sensibilidad a obstáculos y la menor cobertura por celda. Allí donde la densidad es alta los resultados mejoran. Donde no, el salto respecto a 4G no es tan visible.

Para el usuario final, el mensaje es pragmático. Si una aplicación depende de red rápida y estable, conviene probar y medir en las ubicaciones reales de uso. Para el regulador, la lección pide métricas comparables y exigencias de transparencia. Para el operador, el reto es alinear promesas con inversión y operación.

El trabajo no niega los avances de 5G, reconoce su alcance en cobertura y su potencial. Pero recuerda que la experiencia, el dato que importa, es local, concreta y sujeta a elecciones técnicas. En la carrera hacia 6G, esa realidad debería ir en primera fila.